Autor: Alejandro Inurrieta
28/07/2008
CincoDías (04-12-2003)
El consejo de gobierno del Banco Central Europeo se reúne hoy en un entorno de desencuentros entre las instituciones comunitarias. El autor se centra en la misión del máximo organismo monetario como garante del control de la inflación en la zona
En la jornada de hoy se reunirá el Banco Central Europeo (BCE) en su cita mensual, en la que decide el devenir de la política monetaria. Existe cierto consenso en que los tipos oficiales se mantendrán sin cambios en el 2%, algo que sin duda es una buena noticia para los hogares españoles.
Sin embargo, esta aparente calma ha sido alterada en las últimas jornadas por el enfrentamiento acaecido en el seno del Ecofin, que, contradiciendo las recomendaciones de
Esta discusión nos lleva a la conclusión de que en el seno de la UEM no hay respeto por las competencias de cada una de las instituciones con las que nos hemos dotado. En primer lugar, ¿para qué sirve
La respuesta a estas preguntas resulta clave para entender la discusión entablada estos días y que, curiosamente, está más en las declaraciones públicas que en la cotización del precio de los activos. De hecho, la respuesta de los mercados financieros a esta aparente crisis ha sido más bien fría, e incluso en una supuesta dirección opuesta. No hay que olvidar, por otro lado, que hace tiempo que esta situación estaba ya descontada, y nadie esperaba que Francia y Alemania, dada la coyuntura en la que se encuentran, fuesen a ser sancionadas.
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En esa tesitura, ¿cuál debe ser el papel del BCE en todo este proceso? Según su carácter fundacional, el BCE debe velar por la estabilidad de precios, que, en ningún caso, se encuentra amenazada por el exceso de déficit público en Alemania o Francia. Es más, estos países disfrutan de la inflación más baja, en parte por la atonía de la demanda interna. En consecuencia, no parece de recibo que el BCE insinúe que podría subir los tipos de interés por esta contingencia, máxime cuando con esta misma coyuntura, o incluso peor, los ha rebajado. Esta decisión, de producirse, sería muy contraproducente y dañaría la incipiente recuperación en dichas economías, algo que con las declaraciones de miembros del BCE o el propio comisario Solbes ya ha empezado a ocurrir, con un repunte significativo de los tipos a un año en euros. Si a esto unimos la rápida e intensa revalorización del euro, tenemos un endurecimiento más que notable de las condiciones monetarias.
Por lo tanto, no parece que el debate se esté encauzando de forma lógica ni constructiva. Alemania tiene un déficit excesivo, en primer lugar porque la coyuntura ha sido, y es, muy desfavorable, pero, sobre todo, por el proceso de unificación con el Este, que le costará muchos años terminar de digerir. Tal vez por ello sea conveniente redefinir el propio Pacto de Estabilidad. En primer lugar, sacando del cómputo de gastos todo aquello que mejore la productividad o el crecimiento potencial. Esto ahorraría el proceso de reducción de gastos, precisamente, en lo que genera valor añadido, que, como en el caso español, provoca un estancamiento aún más prolongado. En segundo lugar, una definición más amplia de recesión, al estilo norteamericano, haría que las exenciones previstas en el tratado, en caso de caer en ella, permitiría a Francia y Alemania no haber tenido que provocar este cisma.
En conclusión, hay que hacer un esfuerzo común para reconducir y delimitar en la práctica las competencias de cada institución, sin caer en el intrusismo actual. Pero lo que hay que tener claro es el verdadero papel del PEC, su carácter de disciplina fiscal, sin rayar en el integrismo. Además, hay que ser claros en la idea de que ni el nivel de déficit actual, ni especialmente el de la deuda, son insostenibles, lo que restará presión a